Pantallas en casa: El día que entendí que el límite no era para mi hijo, sino para mí

Publicado el 25 de septiembre de 2026, 16:01

y así, cumplimos 6 años sin pantallas en el hogar!

Liderarse a uno mismo: El arte de apagar las pantallas para encender la presencia en el hogar.

Hola, te abrazo. Si estás aquí es porque ya leíste el artículo #2. Hoy quiero retomar el comentario que hice en mi último Reel, donde decía: "O tú coges tu celular para sentir que haces algo diferente, o, sin querer, te quedas mirando tus notificaciones".

Yo estuve ahí. Despojarme de diez años de oficina—donde todo el tiempo uno    tiene que estar disponible por mensaje de texto, correos y llamadas—provoca un gran vacío. Y más aún cuando no tienes amistades o familia cercana que te visiten. Mi celular y mis redes se estaban volviendo mi refugio, mi desahogo emocional en microsegundos; la dopamina perfecta para mis momentos de "descanso".

Hasta que un día fui consciente: las reglas de "no pantallas" eran para mi hijo Connor... ¿y para mí? Él estaba creciendo y me estaba viendo sumergida en ellas. ¡Qué gran inconsistencia! Ese día comenzó el gran cambio de mis hábitos con esta pantalla: desactivé todas las notificaciones y le puse límite de tiempo a las redes sociales (tú misma puedes entrar a las aplicaciones, configurar cuánto quieres durar y el sistema te avisa cuando cumpliste el tiempo).

Me repetía a mí misma: "TU URGENCIA SOLO VIVE EN TU CABEZA". Aprendí que, si quería compartir algo, la regla era subirlo y salir. Si iba a tomar fotos durante la mañana, el celular se quedaba en modo avión ️. Al final, al único que realmente me podría necesitar con urgencia era mi pareja; Poco a poco, paso a paso, me independicé del celular…

Ahora mismo, es todo un reto para mí estarles compartiendo contenido mientras Connor está en su campamento. Y no puedo evitar pensar: ¿qué va a pasar cuando esté el 100% del tiempo en casa? Tal vez no estaré tan presente por aquí. Crear requiere tiempo, y yo abrazo con el alma mi única y verdadera prioridad: mi hogar, que ha sido mi ministerio y mi iglesia. Ahí se requiere mucha presencia y, sobre todo, energía vital.

Cuando me refiero a "abrazar lo único", hablo de programar tu mente y tu tiempo para lo que realmente importa en el presente. Como dijo Alexander Graham Bell: "Concentra todos tus pensamientos en el trabajo que tienes entre manos". Y cuando leí eso, adivinen a quién tenía en mis brazos... exacto, a mi hijo. Mi agenda y mi calendario comenzaron a girar en torno a ese gran y bendecido propósito. Por el Artículo #1 ya sabes cómo pasé del caos de la "autoexigencia" a la paz-ciencia: sencillamente, mi meta ya no era hacer más, sino tener menos que hacer, concentrada en "lo único".

Fue entonces cuando blindé mis mañanas en bloques de tiempo, sin interrupciones. El celular pasó a ser útil para una sola cosa a la vez, no para mí al mismo tiempo. Comprendí que la vida era mejor cuando usábamos herramientas independientes: el reloj análogo de mano, la cámara fotográfica (¡y si era de rollo, más debíamos esperar para ver el resultado!). Para la música ni se diga: debíamos conectar los aparatos, esperar a que descargara y luego transferirla. ¡Guau, qué buenos tiempos! Sé que llegará el momento en que Connor deba coexistir con la tecnología, ya lo veo en otros niños; pero mi meta es que, para entonces, su cerebro ya haya tenido el tiempo correcto para desarrollarse. Un espacio donde él controle a la pantalla, y no al revés.

Así, amadas lectoras, es de esta forma como no entraron las pantallas en mi hogar: cambiando primero nosotros nuestros hábitos, fortaleciendo la mente, poniendo horarios de uso, aprendiendo a apagarlas y enfocándonos en nosotros, los adultos. Hoy es el día en que el mismo Connor dice: "Papá, ¿ya terminaste de trabajar? Apaga el celular". Ya lo tiene integrado. Delante de él, de forma orgánica, se hablaba del tema, poniendo reglas y normas tanto en la casa como en cualquier otro espacio respecto a los dispositivos.

Empezando por ti, es cuando realmente nos volvemos ejemplo. "Ser líder requiere ser líder de uno mismo", incluso en algo tan pequeño como manejar las pantallas en el hogar. Claro, el exterior habla durisimooo, pero puedes explicar de manera amorosa que nuestro hogar toma decisiones diferentes. Nosotros elegimos hacer otras cosas, reemplazando las pantallas por hablar de los cuadros del lugar, jugar cartas o inventar rimas y cuentos. Cuando estamos en talleres, cursos o conferencias, le llevamos su cuaderno de dibujo, Legos para armar y, por educación, ¡no miramos las pantallas de otros niños! ("Claro, mamá controladora", pensarán algunas... pero pregúntate: ¿tú le miras la pantalla a tu amigo o a tu vecino? ¡Es privado, jajaja!).

Sí, yo sé que en los restaurantes es increíble cómo ponen pantallas por todas partes. Pero también noto cómo él se enfoca en una sola cosa—como los deportes—y cuando se aburre rapidito, continuamos en lo nuestro: cartas, pintar, plastilina, o armar barquitos y sombreros con las servilletas de papel. Créeme que no necesitas mucho; requiere de tu presencia, de tu constancia y, sí, de buscar otras opciones.

Y bueno, en estos tres artículos les he compartido cómo, dentro de mis imperfecciones y al estar dispuesta, Dios ha obrado sin necesidad de soltar "lo único". He estado dispuesta a verme e ir abrazando el cambio en mí para poder proyectarlo al exterior.

Te abrazo. Cuéntame en los comentarios o escríbeme por interno: ¿Qué te ha parecido? ¿Te has identificado? ¿Te puedo apoyar en algo? Aquí está tu servidora, con Dios como el Alfarero.

Te leo en los comentarios

Nos amo,

Cata Forero!

¡Eeeeyyyy! Pero en medio de Montessori, Waldorf y las pantallas... había algo más. ¡Te lo cuento en el próximo artículo!